Viajes oníricos
- Palabra que dormía

- 24 ago
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¿Despertando o creyendo despertar?
Te amo más allá del tiempo
Yacía luminosa, su cuerpo irradiaba una luz tenue, electrificada. Era la visión de la mujer más bella que hubiese visto jamás. Mientras dormía, yo podía percibir el sube y baja acompasado de su respiración. Entre sus senos brillaban imperceptibles gotas de sudor. Con la boca carnosa y apenas abierta, dormía en calma. Podía bebérmela con los ojos, hacer un mapa de su cuerpo, contar las constelaciones de lunares, velarla y cuidarle ese momento perdido de conciencia. Lo que yo no podía ver eran sus sueños, esos que la transportaban a lugares de donde ella regresaba con las huellas de lo vivido: huellas físicas y emocionales que a mí me causaban exaltación y terror al mismo tiempo.
El enigma de su presencia me enloquecía, con ella traspasaba umbrales, vivía experiencias que rayaban en viajes místicos.
Nos conocimos después del segundo concierto del tour. Al terminar de tocar, nos reunimos toda la banda en una sección reservada para nosotros en uno de los bares de moda. Entramos por una puerta escondida e inmediatamente sentimos el golpe de la música en todos nuestros órganos. Luces de colores giraban a nuestro alrededor, servían gin and tonics, todos reíamos y comentábamos las anécdotas del concierto que acabábamos de tener. Alma tenía gafete de prensa pero en esta ocasión acompañaba a una amiga que salía con Roy, el baterista. Vestía unos jeans a la cadera, chamarra de cuero café y traía una bolsa que colgaba atravesada de un hombro y pasaba por en medio de sus senos, el delineador de sus ojos le daba una mirada smoky y provocativa que hacía juego perfecto con la carnosidad de sus labios. Desde niña, Alma tenía la particularidad de conectar inmediatamente con la música, sus estados de ánimo siempre se regían por lo que escuchaba. Todas sus actividades latían a un ritmo predeterminado. Siempre que escuchaba una canción que le gustaba, inmediatamente se distraía de cualquier conversación o actividad y se dejaba poseer por la armonía. Vivía por momentos en esferas de melodías que la apartaban del mundo real. Justo en el momento en el que nos presentaron empezó a sonar When I see you smile de Bad English. El inicio del teclado marcó la pauta del origen de su sonrisa, un horizonte sensual que se extendía reforzado por una mirada eléctrica. Había en ella un campo magnético que me atrajo irremediablemente. Al empezar el coro de la canción ya los dos sonreíamos francamente y al llegar al solo de guitarra ella cerró los ojos por unos instantes, perdida en una de sus esferas musicales en la cual, yo estuve dentro. Ocurrió que ella entró a una dimensión sin palabras. No pudo ni quiso explicármelo. Yo tampoco quise entenderlo ni preguntárselo. Charlamos de nuestras aficiones y adicciones, yo le conté que era un guitarrista obsesivo y perfeccionista, que practicaba por horas hasta no cometer ningún error aunque irónicamente en otras dimensiones de la vida padecía síntomas de déficit de atención. Le dije que era supersticioso, hipocondríaco y con inclinaciones a la ansiedad. Que me costaba trabajo asumir mis fallas y me encantaba ser el centro de atención. Le conté que estaba consciente de que no quería ser una estrella de rock ególatra ni perder el piso, pretendía tener los pies bien puestos sobre la tierra. Por alguna razón quise contarle todo, me hacía sentir en confianza, como si la conociese de años.
Alma era periodista. Escribía artículos relacionados con el mundo de la música, entrevistaba a gente del medio y debido a su capacidad para generar opiniones y reacciones por dichos temas, era toda una influencer. Tenía contratos con varias revistas que la mandaban seguido de viaje a buscar la nota. Era una mujer inteligente, seductora y sobre todo, misteriosa. Cuando terminó el concierto y Delia la invitó al bar, sentía la libertad de pasarla bien sin estar preparando preguntas o entrevistas para los miembros de la banda. Gozaba de esos momentos en los cuales acudía como invitada y podía relajarse y beberse algunos tragos. Ella se decantaba por el merlot, pero ese día se conformó con un gin and tonic.
De pronto me dijo que tenía que terminar un artículo y que no podía desvelarse. Quedamos en comer temprano al día siguiente ya que la banda se marchaba por la noche para continuar con el tour. Al despedirse, lo hizo con un abrazo lento y prolongado, apretado y necesitado. Su cabeza me llegaba justo al cuello y ella me inhaló. Podría decir con seguridad que se sentía cómoda oliéndome y que no quería marcharse. Yo sentí su pecho apretarse a la parte superior de mi abdomen y tuve que contenerme para dejarla ir.
Después de nuestra primera charla tuve la sensación de que la conocía de hacía mucho tiempo y supe que era la continuación de algo que había quedado inconcluso.
Esa noche no pude dormir, percibía un desasosiego emocionante. Recordé cuando estudiaba en Berkley y tenía que presentar un examen, me sentía muy inquieto. Nos quedamos de ver a la una de la tarde en un restaurante griego que coincidentemente nos gustaba a los dos. Como siempre, mi asistente reservaba mesas discretas para poder comer sin interrupciones. Llegué cinco minutos antes de la cita, me gustaba ver entrar a mi pareja y estudiar sus reacciones corporales. Alma llegó puntual. Estaba radiante, desprendía luz. Algunas personas a su alrededor también lo notaban y siempre la volteaban a ver. Ella pasaba impávida y sonriente. Vestía unos jeans azul intenso y una blusa blanca de seda que se moldeaba a su figura. Tenía el pelo recogido en una cola de caballo alta. Me besó la mejilla y la noté ruborizarse. Estuvimos platicando largo y tendido de las otras bandas, de los discos que acababan de sacar, de si le gustaba o no el sonido de tal o cual guitarrista. Caí en la cuenta de que tenía un oído musical muy especial. La plática de la noche anterior se había decantado por el lado personal y esa tarde la conversación giraba en torno a nuestra pasión por el mundo musical. Cuando uno nace con la música en el ADN no hay forma de que no permee en todo lo que dices o haces. Tuvimos una larga sobremesa, yo no quería partir.
—Al rato saldremos a la carretera y me dará nostalgia pensar en que la tarde estuvo llena de ti. ¿No podrías entrevistar a la banda y vernos en los próximos conciertos? —Le dije casi rogándole.
—Seguro que sí. Me encantará conocerlos más y descubrir cómo se llevan entre ustedes. Hay bastante química y eso se nota en el escenario. Ese disfrute lo vivimos y lo agradecemos los espectadores.
Nos despedimos en la puerta, antes de que ella subiera al taxi la besé en la boca. Un beso corto y mordido que encendió mi sistema eléctrico y me dejó perturbado.
Cuando nos vimos una semana después, la banda estaba preparada para su sesión de prensa. Alma sería la última en entrevistarnos para que pudiésemos platicar un poco más de los tiempos establecidos a los demás reporteros. La entrevista fue en el camerino. Ella entró y noté que todos estaban encantados de verla. Era una profesional, había estudiado los perfiles de todos y hacía preguntas inteligentes. Era sagaz y parecía que intuía las respuestas. Al cabo de un rato, nos preparamos para salir al escenario.
—Alma, te quiero cerca en el concierto. —Le dije poniéndole las manos sobre sus hombros.
—No me lo perdería por nada. Ya, tu asistente me dio un boleto. Estaré justo frente a ti.
Al terminar podemos tomar una copa. Tengo algo que platicarte. —Me dijo.
El concierto se extendió. El público no dejaba de gritar y aplaudir. Salimos de escena, me cambié en el camerino y nos fuimos a un piano bar muy tranquilo con una vista impresionante de la ciudad. Pedimos una botella de tinto y ella me dijo: «te soñé». Nunca creí que sus sueños adquirieran matices tan reales.
—Antier, antes de dormir estaba escuchando Power ballads —soy fanática del rock ochentero—. Supongo que me quedé profundamente dormida en Is this love de Whitesnake, porque en el sueño te vi tocándola. Recuerdo que te acercabas en el «hold on me» y empezaba el solo de guitarra. Las notas eran una conversación que entendíamos a la perfección. Estábamos hablando otra lengua.
—¿Antier dices? ¿Estás segura?
—Sí, fue antier. ¿Por qué lo preguntas?
—Es que antier pasó algo muy extraño. Entre el público me pareció verte.
—¡Qué raro! Entonces sí tocaste Is this love.
—Sí la tocamos.
—Brindemos por la coincidencia.
Pete, mi asistente, le había reservado una habitación en nuestro hotel. Nos marchamos del bar y terminamos en su cuarto. Por supuesto, él ya se había encargado de arreglar la habitación con flores y había puesto a enfriar una botella de champagne junto con unas nueces y frutos secos.
—¿Qué quieres tomar, guapa?
—Esas burbujas me caerían muy bien.
Conecté mi celular en las bocinas de la habitación y puse a Stevie Ray Vaughan. En el momento en el que empezaron las primeras notas de Texas flood sentimos una corriente potencializada. La fusión de blues y rock de Stevie es extremadamente sexy y fortalecida con la mirada de Alma era una dosis de placer. Ella podía leerme por completo. Nos besamos largo y profundo haciendo pausas para que las burbujas estallaran en nuestras bocas. Me senté en la silla del mueble escritorio lanzándole una mirada fija y ella se sentó de frente sobre mí y apretó sus piernas alrededor de mi cintura y el deseo me inflamó. Abrí su blusa mientras ella tiraba de mi camisa. Alma era de proporciones armónicas, discretas y perfectas. De músculos firmes que me daban órdenes de cómo darle placer. Supo conducirme a su gozo y la aprendí de inmediato. La levanté de la cintura y suavemente la dejé caer en la cama. Su perfume natural era hipnótico. Descubrimos una química salvaje. Desabroché sus jeans y los deslicé rápidamente. Cada movimiento nuevo confesaba una urgencia mutua, el grito de nuestros poros queriendo ser tocados, lamidos y olidos por el otro. Deslicé mi mano en sus labios y descubrí un río caliente y caudaloso, yo me encontraba totalmente cegado. Experimenté sensaciones nuevas, inventé acordes mayores que quise tocar en la partitura que me revelaba su piel. La poseí entre notas, gemidos y gritos. Nos descubrimos en el mismo compás y estábamos perfectamente armonizados. Caímos rendidos por el placer y el cansancio. No sé cuántas horas pasaron, pero desperté en la oscuridad y al descubrirme abrazado a su espalda volví a tener una erección vigorosa. Ella me sintió y frotó sus nalgas contra mi sexo. De nuevo sus labios se ofrecieron acuosos y abiertos. La penetré sin dejar de abrazarla por la espalda mientras mi mano izquierda le apretaba un seno y mi mano derecha tocaba su clítoris erecto. Era mi instrumento y quise lucirme para ella. Sus aplausos eran cascadas en las cuales resbalaban mis dedos. Volvimos a rendirnos en el sueño y nos hallamos en una playa tibia, tirados el uno al lado del otro, escuchando el compás del ir y venir del agua. Al despertar pensé que ella me había contado su sueño (es de locos pensar que en realidad podemos encontrarnos en otra dimensión).
Desayunamos en su habitación, entre risas y miradas lánguidas. Habitando uno dentro del otro. Creando una permanencia que iría in crescendo. La poseí de maneras inéditas, la bebí hasta secarla, la recorrí hasta sabérmela de memoria.
Tuvimos varias experiencias extrañas. Las veces que nos quedábamos dormidos después de hacer el amor nos encontrábamos en sueños. Una vez ella volvió con arena en los pies.
—Tengo sentimientos encontrados —le dije—. Por un lado estoy encantado con el tour, pero por el otro quisiera estar todo el tiempo contigo. Prométeme que nos veremos muy pronto.
—Te lo prometo.
—¿Cuándo podrías alcanzarme de nuevo?
—Me parece que en una semana y media tendré un par de días y podré viajar a la ciudad donde se encuentren.
—En un mes volaremos a Europa.
—Ya planearemos algo. Me gusta Europa. —La despedí en la entrada del hotel.
Subí a mi cuarto y pude revisar los mensajes y llamadas perdidas. Uno de ellos era de Pete, mi asistente, para avisarme de que tendríamos una reunión previa a la comida. Para nuestro manager era imperativo tener una sesión de retroalimentación con la banda y los ingenieros de sonido. Al terminar los temas relacionados con el trabajo, me hicieron bromas acerca de Alma, «la chica de luz». Más tarde me tomé unas cervezas con Roy y le confesé que me estaba enamorando perdidamente de ella.
—Me trae loco esa Alma.
—Es una mujer muy sexy y bastante inteligente— me contestó Roy.
—Además de eso es una mujer muy especial. Tiene algo que no puedo explicarte. De pronto siento como si la conociera de hace muchos años. Es como una conexión psíquica. —¡Bah! Te estás enamorando.
Nos recogió el autobús de la banda en la puerta del hotel, me acomodé en una ventana, me puse mis audífonos y me perdí en el Blues deluxe de Bonamassa. Cuando sonó Woke up dreaming, tuve una visión de Alma viajando en un auto descapotable, su pelo bailaba al viento, ella se amarraba una pañoleta en la cabeza. Cuando nuestras miradas se cruzaron ella sonreía y me decía adiós con la mano y su figura se alejaba rápidamente, como en un efecto de zoom hacia atrás. Desperté con taquicardia. Le marqué de inmediato y me mandó a buzón. Hice varios intentos.
—Alma, por fin contestas.
—¿Qué pasó? —me dijo extrañada.
—No lo sé. ¿Qué hacías?
—Escribía un artículo de la banda Afrodita. No sé si supiste pero tuvieron un accidente reciente en un road trip y sus fans quieren saber cómo siguen. ¿Por qué lo preguntas?
—Es que te pensé o soñé en un automóvil y me decías adiós. Ya no sé cuando sueño o cuando de verdad pasan cosas.
—Tranquilo. Ahora entiendo porqué me dijiste que eras muy ansioso. No te preocupes. Nos vamos a ver de este concierto al otro. Es una promesa.
—Muero por abrazarte.
—Yo también.
El siguiente concierto fue en un estadio. Me faltaba Alma. Fue la primera vez que ella experimentó un desdoblamiento real. Como era nuestra costumbre, tocamos nuestro «Medley de covers» de homenaje. Esta vez le tocó el turno a Roger Waters. Nos decantamos por Sexual, una canción del disco 4:41 AM (Sexual Revolution). Al principio de la canción, la guitarra se asoma con timidez, es una especie de mirada clandestina que da inicio a un viaje sexual musical. Luego reina una pausa que origina el solo, allí es cuando la guitarra finca su presencia y se convierte en la protagonista de un encuentro sexual explosivo con una carga violenta de sensualidad. Suenan unos rayos que detienen y delatan lo que sigue, que es una pared de gozo, un orgasmo que culmina en el vértigo de un abismo. Y luego vuelve la calma… Una calma parecida a un abrazo. Así podría describir esa canción. Así la sentí cuando la toqué en el estadio. Me sumergí en una burbuja y cuando volví en mí, el público estallaba en gritos y aplausos. El resto de la banda me felicitó y noté sus rostros sorprendidos. Roy me dijo que había sido la mejor interpretación que jamás había escuchado de Sexual. Alma no estando presente, la vivió en carne propia. Tuvo una visión que se manifestó en algo sensorial. Al terminar el concierto recibí su llamada.
Ed, te soñé. Me mirabas profundamente. Recorrías de manera furtiva con tus ojos mi cuerpo. Esas miradas eran descargas eléctricas que me conducían a un viaje extremadamente placentero. Me abrasabas sin tocarme. Conducías en mí latigazos de placer. De pronto paraste pero sabía bien que la pausa era para que te pidiera más. Jugué tu juego. Tuvimos un encuentro inminente, pleno, de una sensualidad exquisita, sin que pusieras una mano sobre mí. De pronto, me sobresaltaron unos truenos, afuera llovía con demencia pero mientras más arreciaba la lluvia, más fuerte sentía el camino al orgasmo. Era una caída libre, sin freno. Me deslizaba en un vértigo de gozo que terminaba en la petite mort. Al acabar me sentí abrazada, susurrabas algo en mi oído, palabras indescifrables que terminaron por calmarme. En mi mente sonaba Sexual de Waters. Olí tu semen y aunque suene ridículo se deslizó entre mis piernas…
Me quedé helado.
Era el día de su llegada. Fui a por Alma al aeropuerto, aterrizaba en el vuelo de American Airlines de las 11:11 de la mañana. La recogería, iríamos a comer y luego me acompañaría a la Arena, donde tocaríamos esa noche.
Había acordado con Pete que me asignaría un chofer para que me acompañara toda la mañana. Salí del lobby a las 10:30 después de haber hecho un poco de jogging y de haber desayunado algo muy frugal. Por lo general, los días de concierto comía con medida para sentirme ligero.
Al llegar a la terminal esperé en la puerta donde saldrían los pasajeros del vuelo. Esperé hasta que saliera el último y Alma no aparecía. Tomé mi celular para llamarle pero su contacto estaba borrado. Pensé que era una falla técnica de mi teléfono. Me acerqué al módulo de servicios al cliente de la aerolínea y pregunté por ella. No la tenían registrada. Esperé otro rato pero nunca apareció.
Le marqué a Pete para que me comunicara con ella.
—Hola Pete, estoy en el aeropuerto recogiendo a Alma pero no llegó en este vuelo, tal vez puedas comunicarme con ella —le dije de manera acelerada y nerviosa.
—¿En dónde estás y a quién fuiste a recoger? —me preguntó Pete con extrañeza.
—¡Que estoy en el aeropuerto! Vine a recoger a Alma.
—¿De quién me hablas?
—De Alma.
—¿Ed, te sientes bien?
—Creo que no. Necesito hablar con Roy. —Colgué y le marqué a Roy.
—Hola Roy. Vine al aeropuerto a buscar a Alma pero no salió de la terminal, ¿le puedes preguntar a Delia si sabe algo de ella?
—¿Quién es Alma?
—Alma, mi novia, de la que hablamos, «La chica de luz», la amiga de Delia.
—No sé de quién me hablas, Ed.
Estoy en una casa que da a un jardín muy bonito. Está lleno de plantas y árboles. Se escuchan pájaros y el sonido de las hojas cuando las mece el viento. Viene alguien vestido de blanco y me lleva a dar un paseo. Es una persona agradable que me platica del clima y me dice que me ve mejor. No sé muy bien cómo llegué a ese lugar. Busco en los archivos de mi memoria y no logro recordar ciertas cosas. Me dicen que tuve un colapso nervioso pero que pronto pasará y que volveré a mi vida normal, que por lo pronto debo descansar y reponerme.
Regreso a mi habitación. Hay un mueble con un tocadiscos y varios vinilos. No me había percatado de que estaban allí. Tal vez son míos, no podría asegurarlo. Recorro con la yema de mis dedos los títulos y me detengo en 4:41 AM (Sexual Revolution) de Roger Waters. Saco el disco y vuela una fotografía. Es una mujer hermosísima, viste de blanco con un hombro al desnudo, está sentada en una playa donde no se ve persona alguna. En la parte de atrás de la fotografía está escrito con letra redonda y clara lo siguiente:
Me quedé con las caricias que escribiste en mi piel
con aquellos versos que anotaste una tarde en mi espalda
con el enigma de tu mirada y los besos fugaces que dejaste en mi pecho.
Te llevo en mis pliegues, en mis sueños
en las historias que le contaste a mis paredes
en la dicha de mis adentros, tu sabor en mi boca.
No estás contigo porque le perteneces a mi piel
y tu permanencia en ella es asunto mío.
Ya no eres de ti sino de mí
Que no hago más que soñarte…
Por siempre tuya,
Alma.

Ligia Urroz nació el 25 de noviembre de 1968 en Managua, Nicaragua desde 1979 reside en Ciudad de México. Es Licenciada en economía por el ITAM, Master of Science in Industrial Relations and Personnel Management por la London School of Economics and Political Science, Máster en literatura en la era digital por la Universitat de Barcelona, Máster en literatura por la Universidad Anáhuac, Especialización en literatura comparada por la Universitat de Barcelona, Posgrado en lectura, edición y didáctica de la literatura y TIC por la Universitat de Barcelona. Cuenta con varios diplomados en arte, literatura y cinematografía. Egresada de Laboratorio de novela. Promotora de la lectura y guitarrista rítmica de la banda de rock ochentero Octubre XX. En el 2009 fue publicada su visionaria novela, La Muralla, por Laboratorio de novela (3 ediciones).





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