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Poética del desgarramiento: plegarias desde la orilla con Natalia Camodeca


Entrevista


Natalia Camodeca despliega una poética íntima, encarnada en el cuerpo, la memoria y la ausencia. En los siguientes poemas, Camodeca nos lleva desde la quebrada imaginaria en el primer poema, donde la palabra intenta redimir lo perdido, hasta el eco de una infancia entre brumas y figuras fantasmales del segundo, y finalmente la travesía emocional del tercero, donde el amor se convierte en un ancla y una despedida, así, esta escritura se articula como una oración herida.


     El yo lírico se mueve entre lo sagrado y lo cotidiano, entre la carne y el símbolo, entre el duelo y la ternura radical. Aquí, el lenguaje no solo enuncia: busca curar, convocar, resistir el olvido. La poesía se vuelve un acto de fe, aunque sin certezas, un llamado que atraviesa generaciones, cuerpos y paisajes internos. Esta obra nos sitúa en la línea delgada entre la permanencia y la pérdida, donde cada verso es un intento de sostener lo que inevitablemente se va.


En este territorio donde memoria y emoción se entrelazan con tanta fuerza, surge una pregunta casi inevitable: Cuéntanos, ¿cuándo empezaste a escribir y cómo nació en ti el amor por la poesía?


     Empecé a escribir en la adolescencia. Relatos, cuentos y novelas casi siempre de tinte fantástico, me refiero, textos que bordeaban lo extraño. Ya con treintipocos la poesía me descubrió por accidente. Quería publicar una trilogía, no encontraba editor, y por esas desorientaciones suertudas de la vida, confundí una editora con una poeta. Conversamos, leí lo que escribía y descubrí que había otro tipo de poesía, que no se parecía tanto a la que había visto en la carrera de letras. Básicamente descubrí un lenguaje con el que me identificaba. Es decir, el amor comenzó por la lectura y se intensificó al experimentar con la escritura. A partir de ahí, no paré de escribir. Me tiene secuestrada.


Ese “secuestro” creativo que mencionas invita a asomarse al interior de tu taller íntimo de palabras: ¿cómo surge en ti un poema, cómo comienza a tomar forma?


     A veces me busca, a veces soy yo la que busca. Así como no puedo dejar de vivir, aunque la vida a veces duela, tampoco puedo dejar de escribir. La escritura es una forma de vida. Una forma de conectar con el afuera y el adentro. Algunas veces parece que uno es poseído por palabras ajenas (quizás no tan ajenas) al punto de que pensás: ¿de dónde salió todo esto? Creo que la palabra es un diálogo que no nos pertenece del todo. Al fin y al cabo, hay un cúmulo de ideas que inconscientemente se van instalando en nosotros. Desde luego son ideas cambiantes, muchas veces borrosas, que están ahí, al parecer, sin haberlas elegido. Cuando digo palabra, digo símbolo. Puedo describirte mi ritual de escritura, pero no creo que nadie sepa por qué, de golpe, tiene que expresar algo.


En tus poemas, esos símbolos parecen encarnarse tanto en el cuerpo como en la naturaleza, generando imágenes donde lo físico y lo orgánico se funden. ¿De qué manera se entrelazan el cuerpo humano y los elementos naturales en tu poesía para representar el dolor y el deseo?


     El dolor y el deseo están ligados a la mente. La mente entendida como parte del cuerpo. Creo que lo que hace la palabra es acercarse a y alejarse de las pulsiones humanas. Puede ser una trampa. Desde luego que uno intenta acercarse, para exorcisar o transformar o entender esas pulsiones que nos hacen parecer, muchas veces, como títeres. ¿Por qué siento esto? ¿Cómo hago para no sentir esto? Pareciera que las ideas son más maleables que las pulsiones. Quizás por eso confiamos en el decir, cuando la poesía, por suerte, se escapa del decir. Transmite sin saber muy bien cómo o por qué. La naturaleza en mi caso es un lugar seguro, misterioso, sagrado. No por esto la presento de forma romántica o idealizada. Pero es un espejo que me resulta más amable, aunque siempre esté en tensión. Somos naturaleza y sin embargo, hablamos de ella como algo externo.



Al escucharte, es inevitable pensar en las voces, lecturas y estéticas que han ido moldeando tu mirada poética. ¿Cuáles dirías que son tus influencias literarias?


     Sin dudar el teatro de Ibsen, Strindberg, Williams, O’ Neill, entre otros. La mitología griega. Los símbolos cristianos. Muchísimos novelistas como Tolstoi, Tolkien, García Márquez, Oscar Wilde, Beckett, Atwood, Andersen, entre otros. Por lo menos diría que me gustan, porque las influencias son inabarcables. Lo malo y lo bueno influye. De forma consciente e inconsciente. En cuanto a poetas que me gustan Mary Oliver, Pizarnik, Boido, Juarroz, Viel Temperley, María Auxiliadora Álvarez (recientemente descubierta), Flavia Calise, Clarice, Gloria Fuertes, Whitman, Laguna, Watanabe, Vallejo, Pessoa, Cucurto, Boido, Di Gorgio, Anníbali, Peri Rossi, muchísimos más.


Con todo ese caudal de lecturas y experiencias, ¿qué le recomendarías a quienes hoy están dando sus primeros pasos en la poesía?


     Lean. Y cuando estén cómodos con algo, no lo abandonen pero experimenten también la incomodidad.


Entre tus lecturas y referentes, seguro hay frases que te han acompañado o marcado en algún momento. ¿Podrías compartirnos una cita que, para ti, todo el mundo debería conocer?


Dime, ¿qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?

Mary Oliver



Poesía


Poema I


Si pudiera sembrar de verde la quebrada

donde tu lengua 

deja brisa de luna

una quebrada verde 

que se lleve con sus aguas

la espina 

la sempiterna espina escondida en la sangre


que reúna lo perdido

después de todas las palabras

de todo el amor

de todo el desierto


si acallara

el galope

de tu silencio


en un estanque de peces

para asomarme 

sobre el lomo brillante del extranjero


y saber en mis dedos

que la angustia no muere

ni mata

que el miedo no muere

ni mata

de una p u ñ a l a d a


(si no apagara el sol

en el pecho

cuando tus ojos se van al fondo

cuando me quedo con tu espalda

tu nuca

tu sombra


y me aferro

a tu cuerpo bruma


sabiendo que los peces alzan vuelo

como almas de mi pena)


si pudiera te devolvería

la costilla 

por la que se nos escapan

los besos de dios.



Poema II


Mi papá

                      trepándose al suyo


mi papá 


                      caminando hacia atrás

cuando la fuente 


                      con sus pájaros piedra

                      brillante y nueva

                      con sus tías / hechiceras 

                      cantando 

                      resecas y eternas

la fábula de sus tiempos


(el niño niebla    en sus ojos)


papá escucha

yo escucho 

desde algún lugar   al otro lado 

                                      de algún lugar

escucho / aunque no 

creo escuchar     

el cielo

                                  se detiene


                                  tengo que creer

o el niño

se llevará a papá   a donde la fe no llega



Poema III


El barco parpadea

las olas muerden la quilla

y la noche

y las estrellas

quién sabe irse como ellas

quién puede


la cruz flota, siempre flota

donde duele


por eso mis pies

sobre los tuyos

cruz tibia de carne

cruz tibia de carne y hueso

no te voy a soltar ni demasiado tarde

ni demasiado lejos

a la distancia justa

para que bajes las velas   


incendies la orilla    




no vuelvas.


Foto: Irene Rus
Foto: Irene Rus

Semblanza


Natalia Camodeca. Nacida en Buenos Aires. Vive desde hace unos años en Barcelona. Es licenciada en Letras y correctora de textos. Actualmente trabaja como traductora en el sector de farmacia y ensayos clínicos y como revisora de poemarios. En cuanto a mí… Me gusta leer, escribir, caminar por la montaña, tirarme al sol, lo típico. Me gustan los videojuegos, tomar mate y hablarle a mi perra. Les dejaría las biografías a los peces. Tengo poemas publicados en diversas antologías: Entre humana y animal por la editorial valenciana Cuadranta y Ya no es acá por la editorial argentina Halley.

 
 
 

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