Poética del desgarramiento: plegarias desde la orilla con Natalia Camodeca
- Palabra que dormía

- 31 ago 2025
- 5 Min. de lectura
Entrevista
Natalia Camodeca despliega una poética íntima, encarnada en el cuerpo, la memoria y la ausencia. En los siguientes poemas, Camodeca nos lleva desde la quebrada imaginaria en el primer poema, donde la palabra intenta redimir lo perdido, hasta el eco de una infancia entre brumas y figuras fantasmales del segundo, y finalmente la travesía emocional del tercero, donde el amor se convierte en un ancla y una despedida, así, esta escritura se articula como una oración herida.
El yo lírico se mueve entre lo sagrado y lo cotidiano, entre la carne y el símbolo, entre el duelo y la ternura radical. Aquí, el lenguaje no solo enuncia: busca curar, convocar, resistir el olvido. La poesía se vuelve un acto de fe, aunque sin certezas, un llamado que atraviesa generaciones, cuerpos y paisajes internos. Esta obra nos sitúa en la línea delgada entre la permanencia y la pérdida, donde cada verso es un intento de sostener lo que inevitablemente se va.
En este territorio donde memoria y emoción se entrelazan con tanta fuerza, surge una pregunta casi inevitable: Cuéntanos, ¿cuándo empezaste a escribir y cómo nació en ti el amor por la poesía?
Empecé a escribir en la adolescencia. Relatos, cuentos y novelas casi siempre de tinte fantástico, me refiero, textos que bordeaban lo extraño. Ya con treintipocos la poesía me descubrió por accidente. Quería publicar una trilogía, no encontraba editor, y por esas desorientaciones suertudas de la vida, confundí una editora con una poeta. Conversamos, leí lo que escribía y descubrí que había otro tipo de poesía, que no se parecía tanto a la que había visto en la carrera de letras. Básicamente descubrí un lenguaje con el que me identificaba. Es decir, el amor comenzó por la lectura y se intensificó al experimentar con la escritura. A partir de ahí, no paré de escribir. Me tiene secuestrada.
Ese “secuestro” creativo que mencionas invita a asomarse al interior de tu taller íntimo de palabras: ¿cómo surge en ti un poema, cómo comienza a tomar forma?
A veces me busca, a veces soy yo la que busca. Así como no puedo dejar de vivir, aunque la vida a veces duela, tampoco puedo dejar de escribir. La escritura es una forma de vida. Una forma de conectar con el afuera y el adentro. Algunas veces parece que uno es poseído por palabras ajenas (quizás no tan ajenas) al punto de que pensás: ¿de dónde salió todo esto? Creo que la palabra es un diálogo que no nos pertenece del todo. Al fin y al cabo, hay un cúmulo de ideas que inconscientemente se van instalando en nosotros. Desde luego son ideas cambiantes, muchas veces borrosas, que están ahí, al parecer, sin haberlas elegido. Cuando digo palabra, digo símbolo. Puedo describirte mi ritual de escritura, pero no creo que nadie sepa por qué, de golpe, tiene que expresar algo.
En tus poemas, esos símbolos parecen encarnarse tanto en el cuerpo como en la naturaleza, generando imágenes donde lo físico y lo orgánico se funden. ¿De qué manera se entrelazan el cuerpo humano y los elementos naturales en tu poesía para representar el dolor y el deseo?
El dolor y el deseo están ligados a la mente. La mente entendida como parte del cuerpo. Creo que lo que hace la palabra es acercarse a y alejarse de las pulsiones humanas. Puede ser una trampa. Desde luego que uno intenta acercarse, para exorcisar o transformar o entender esas pulsiones que nos hacen parecer, muchas veces, como títeres. ¿Por qué siento esto? ¿Cómo hago para no sentir esto? Pareciera que las ideas son más maleables que las pulsiones. Quizás por eso confiamos en el decir, cuando la poesía, por suerte, se escapa del decir. Transmite sin saber muy bien cómo o por qué. La naturaleza en mi caso es un lugar seguro, misterioso, sagrado. No por esto la presento de forma romántica o idealizada. Pero es un espejo que me resulta más amable, aunque siempre esté en tensión. Somos naturaleza y sin embargo, hablamos de ella como algo externo.
Al escucharte, es inevitable pensar en las voces, lecturas y estéticas que han ido moldeando tu mirada poética. ¿Cuáles dirías que son tus influencias literarias?
Sin dudar el teatro de Ibsen, Strindberg, Williams, O’ Neill, entre otros. La mitología griega. Los símbolos cristianos. Muchísimos novelistas como Tolstoi, Tolkien, García Márquez, Oscar Wilde, Beckett, Atwood, Andersen, entre otros. Por lo menos diría que me gustan, porque las influencias son inabarcables. Lo malo y lo bueno influye. De forma consciente e inconsciente. En cuanto a poetas que me gustan Mary Oliver, Pizarnik, Boido, Juarroz, Viel Temperley, María Auxiliadora Álvarez (recientemente descubierta), Flavia Calise, Clarice, Gloria Fuertes, Whitman, Laguna, Watanabe, Vallejo, Pessoa, Cucurto, Boido, Di Gorgio, Anníbali, Peri Rossi, muchísimos más.
Con todo ese caudal de lecturas y experiencias, ¿qué le recomendarías a quienes hoy están dando sus primeros pasos en la poesía?
Lean. Y cuando estén cómodos con algo, no lo abandonen pero experimenten también la incomodidad.
Entre tus lecturas y referentes, seguro hay frases que te han acompañado o marcado en algún momento. ¿Podrías compartirnos una cita que, para ti, todo el mundo debería conocer?
Dime, ¿qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?
Mary Oliver
Poesía
Poema I
Si pudiera sembrar de verde la quebrada
donde tu lengua
deja brisa de luna
una quebrada verde
que se lleve con sus aguas
la espina
la sempiterna espina escondida en la sangre
que reúna lo perdido
después de todas las palabras
de todo el amor
de todo el desierto
si acallara
el galope
de tu silencio
en un estanque de peces
para asomarme
sobre el lomo brillante del extranjero
y saber en mis dedos
que la angustia no muere
ni mata
que el miedo no muere
ni mata
de una p u ñ a l a d a
(si no apagara el sol
en el pecho
cuando tus ojos se van al fondo
cuando me quedo con tu espalda
tu nuca
tu sombra
y me aferro
a tu cuerpo bruma
sabiendo que los peces alzan vuelo
como almas de mi pena)
si pudiera te devolvería
la costilla
por la que se nos escapan
los besos de dios.
Poema II
Mi papá
trepándose al suyo
mi papá
caminando hacia atrás
cuando la fuente
con sus pájaros piedra
brillante y nueva
con sus tías / hechiceras
cantando
resecas y eternas
la fábula de sus tiempos
(el niño niebla en sus ojos)
papá escucha
yo escucho
desde algún lugar al otro lado
de algún lugar
escucho / aunque no
creo escuchar
el cielo
se detiene
tengo que creer
o el niño
se llevará a papá a donde la fe no llega
Poema III
El barco parpadea
las olas muerden la quilla
y la noche
y las estrellas
quién sabe irse como ellas
quién puede
la cruz flota, siempre flota
donde duele
por eso mis pies
sobre los tuyos
cruz tibia de carne
cruz tibia de carne y hueso
no te voy a soltar ni demasiado tarde
ni demasiado lejos
a la distancia justa
para que bajes las velas
incendies la orilla
no vuelvas.

Semblanza
Natalia Camodeca. Nacida en Buenos Aires. Vive desde hace unos años en Barcelona. Es licenciada en Letras y correctora de textos. Actualmente trabaja como traductora en el sector de farmacia y ensayos clínicos y como revisora de poemarios. En cuanto a mí… Me gusta leer, escribir, caminar por la montaña, tirarme al sol, lo típico. Me gustan los videojuegos, tomar mate y hablarle a mi perra. Les dejaría las biografías a los peces. Tengo poemas publicados en diversas antologías: Entre humana y animal por la editorial valenciana Cuadranta y Ya no es acá por la editorial argentina Halley.





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