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Se arranca una pluma del pecho. Escribe. Poesía de Marit O Kaldhol I

Entrevista realizada por Araceli Gutiérrez Olivares


Acercarme a la poesía de Marit O Kaldhol ha sido una experiencia iniciática dentro de la literatura contemporánea noruega. Kaldhol nos abre generosamente la puerta de su mundo poético; tanta apertura merece ser correspondida con una traducción a su altura. Eso pienso, cada vez que recuerdo cómo conocí a Marit.


     Fue este otoño, justo cuando apareció mi libro bilingüe Ave de hielo ígneo ―en español y nynorsk―, que tuve el privilegio de descubrir su obra. Desde el primer poema sentí que su poesía brota del cuerpo mismo, de lo sensitivo, de una materia viva que respira en cada verso. Kaldhol inicia su libro alt skal sjå ut som fløyel (todo debe verse como terciopelo) con el siguiente poema:


lleva la mirada oscura

está de pie

trae botas de montaña, no quiere bailar

un tango plano. abre sus alas, ahí

hay un libro en blanco

se arranca una pluma

del pecho. escribe


     Me impactó profundamente. La voz poética nos muestra lo que significa vivir la poesía desde la entraña misma, como una experiencia física y espiritual a la vez. He tenido la fortuna de traducirlo junto a Marit, y por ello hablo de una experiencia iniciática: me he sentido acompañada por la autora, cuya obra admiro y respeto profundamente.


     A partir de este diálogo poético nació una conversación más amplia sobre su trayectoria, su visión del lenguaje y su manera de entender el silencio, la naturaleza y la creación literaria. Marit O Kaldhol me concedió amablemente esta entrevista, en la que comparte algunas reflexiones sobre su escritura.



Marit, ¿puedes contarnos acerca del primer poema que escribiste o leíste y que te conmovió profundamente?


     Cuando aprendí a escribir de niña, encontré alegría en crear mis propias expresiones. Entre los 10 y 12 años empecé a anotar impresiones que poco a poco se transformaron en poesía. Esos primeros cuadernos de escritura ya no existen, pero los considero pasos en el camino hacia una vida de escritura más madura. De joven, conviví especialmente con los poemas de Tarjei Vesaas. Vesaas muestra una profunda conexión entre la naturaleza y el ser humano, de una manera que aún hoy me conmueve. Más tarde comprendí que lo poético es una cualidad que también puede encontrarse en géneros en apariencia prosaicos, y que puedo utilizar cuando, por ejemplo, escribo relatos.


Coincido contigo, Marit: la poesía de Tarjei Vesaas posee esa pureza y esa hondura que conecta al ser humano con los ritmos más profundos de la naturaleza. También en mí su obra ha dejado una huella duradera. ¿Qué significa el silencio para ti?


     El silencio, como realidad física, en realidad no existe. Tal vez usamos esa palabra cuando sentimos que muy pocos sonidos nos alcanzan. O quizá aludimos a un estado en el que nos disponemos a escuchar. Escuchar, para mí, es una actitud: una manera de abrirse tanto a las impresiones sensoriales que vienen de afuera como a las reacciones que surgen dentro de mí. En tales situaciones se establece una comunicación entre el mundo exterior y yo ―y es esa comunicación la que busco. En ese silencio, las observaciones pueden volverse más precisas, y a partir de esas percepciones puedo encontrar palabras y expresiones para lo que experimento. Así, el silencio pone en marcha un proceso que también tiene que ver con la escritura.


Esa forma tuya de entender el silencio como un puente entre el mundo y la palabra me hace pensar en la raíz de toda creación poética. A partir de esa escucha interior y exterior, me surge preguntarte por las voces que te han acompañado en ese proceso, por las lecturas que han dejado huella en tu obra. ¿Cuáles son tus influencias literarias más importantes? ¿Podrías hablarnos un poco de las influencias latinoamericanas en tu obra?


     A lo largo de varias décadas como escritora, mis influencias han ido cambiando naturalmente. El estilo y la forma que desafían la comprensión convencional de los marcos realistas ―como la literatura absurda o surrealista― siempre me han atraído, pues amplían el espacio de lo posible en la escritura. A través de Federico García Lorca llegué a las voces literarias del continente sudamericano, incluyendo Centroamérica y México. He disfrutado e inspirado con la lectura de muchos autores ―tanto muy conocidos como otros menos célebres―, entre poetas y prosistas. Si tuviera que mencionar un nombre, sería Julio Cortázar ―¡aunque hay tantos!―, sin olvidar a las excelentes poetas mujeres que también han sido publicadas en noruego.


Conversar con Marit Kaldhol es adentrarse en una poética donde la contención se convierte en revelación. Su palabra ―precisa, luminosa, casi transparente― recuerda que la poesía puede decir mucho desde el silencio, y que en ese espacio mínimo caben el cuerpo, la naturaleza y la emoción. Su obra, heredera de una tradición nórdica que valora la sobriedad y la escucha, se abre sin embargo a otros horizontes: a las resonancias del sur, al diálogo con voces latinoamericanas, a la idea de que la poesía es un territorio común donde las lenguas se reconocen y se abrazan. Marit O Kaldhol escribe como quien mira el mundo con respeto y asombro. Traducirla y leerla es también aprender a mirar de nuevo.






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