Rubén García Cebollero, humanamente homérico
- Palabra que dormía

- 19 sept 2025
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Si existe un héroe homérico que pueda definir la poética de Rubén García Cebollero, ese sería sin duda Diomedes: un guerrero infatigable, sin fulgor divino, tan humano como tú y como yo, pero con una esforzada voluntad que hace herir incluso a los dioses. Sus versos, cargados de una fuerza inquebrantable, golpean como solo lo hacen los valientes que prefieren la vanguardia en el fragor de la guerra. No dispara desde atalayas, no es el protegido de ningún dios caprichoso; solo se tiene a él mismo y la convicción de quien dice lo que tiene que decir porque no debe nada a nadie.
Su poesía es un acto de resistencia que nace en la madrugada, bajo el frío de las farolas, bajo la luz guardada de la ciudad dormida. Su espíritu es el de un guerrero que sabe templarse, que observa todo cuanto hay a su alrededor, pues es consciente de que todo puede herir y todo puede también salvar. Leer a Rubén —así, sin apellidos— es comprender que en lo más ínfimo e inadvertido puede haber una verdad revelada, como la muerte escondida tras los detalles mínimos de los relieves y grabados que ornamentan el peto de los héroes.
Sobre la poesía
Por Rubén García Cebollero
Escribir nunca es fácil. Si uno dice que no tiene tiempo, lo que no tiene son ganas. Para escribir, hay que querer. Hay que necesitar. Hay que vivir.
Un buen verso es eterno, igual que un buen libro. Aspiro a que mis versos sean luciérnagas en mitad de la oscuridad, que resuciten para romper todas las burbujas, y acompañarte con un sencillo susurro: el rey cabra, el samurái, el maestro del eco sigue aquí.
Agradezco el paisaje, cerca del cementerio de Montjuich, y el horario, de cinco a siete de la mañana, que me han permitido escribir los versos de este poemario. Aunque resulta difícil de creer hay gente malviviendo a esas horas, alguien que te pide un cigarro, algún coche de policía que aminora el paso a su paso y se pregunta qué hace (sin saberlo el poeta) «ese» en un vehículo a estas horas, o la pareja que aparca justo detrás: ella tiene un problema con las adicciones, vomita y vocifera y asusta a las gaviotas. Acaba por irse: ha dejado tan solo en el paisaje la marcha veloz de un mendigo, habitual de la zona, que nos recuerda la fortuna de todas las burbujas.
Fragmento del prólogo
de La resurrección de las luciérnagas
Poesía
En Chernóbil
Se detuvieron todos los relojes.
La nada lo fue todo.
Las cosas y el paisaje
sin personas quedaron
como barcos varados en la sombra
de una perpetua noche.
El futuro confundió al pasado.
Supimos que no sabíamos
y pudimos cambiar,
incluso lo quisimos,
pero ha pasado el tiempo y está claro
que nunca hemos cambiado,
que nunca conseguimos
detener la hemorragia,
archivar la impotencia,
advertir en el momento justo
que otro mundo es posible.
De Todos los abrazos que nunca me diste
Ser humano
Un ser humano está siempre del lado
del mártir, del humillado, del ofendido.
No puedes estar nunca del lado del verdugo.
Lo que del corazón surge
ninguna retórica necesita.
Los pinos y el bambú lo saben.
Busca lo que buscaron
quienes también tenían corazón.
Reconoce de golpe la frialdad de una palabra.
Todo sucede con una última e irreversible
sinceridad que da forma al dolor.
Soportar el tacto del mundo.
Comprenderlo. No poder dar la espalda
a la época que nos descubre,
esa especie de magia que intuye la memoria
para hablar (volver a hablar) de quienes
lo están callando todo.
De La soledad del samurái
La crueldad del tiempo
Susurra Gamoneda siguiendo a Juan Ramón
que la poesía nunca es literatura,
que la literatura representa una realidad,
y la poesía es una realidad en sí misma.
Aleixandre diría que es comunicación pero tampoco
es eso. Y a veces las cosas que decimos
se vuelven en nuestra propia contra.
Siles y Corredor-Matheos tal vez apuntarían
que es un proceso de conocimiento.
Brines se empapó de la serenidad
que siempre otorga la claridad mediterránea.
Pero son siempre tantos, y tantas, los que invito a la voz
que es imposible quedarse con un solo susurro.
Así que lo que diga a mi manera tal vez les contradiga,
algo tenemos todos de astillas literarias,
de realidad perdida, y de canto que indaga
en las teselas rotas de un imperio perdido,
en la vida quemada que eleva sus cenizas
y en el rastro de versos que vuelven del silencio.
No sé si desconozco, o comunico, pero alumbro
alguna terquedad que insiste en la justicia
de la palabra exacta y la emoción precisa,
y quizá los lugares, los tiempos, los abrazos
sean solo luciérnagas que no desean morir,
que no van a postrarse ante el verdugo,
indiferentes a todas las formas que el silencio
quiere imponer al canto que incluso no cantamos.
Que mi susurro sea apenas la alegría
De La vida es una caja de fresones
En las moradas múltiples
Somos las huellas
de cuanto desaparece,
la discontinuidad de los fragmentos,
el pulso helado de todos los lugares
que alguna vez deshabitamos.
Vivimos tiempo a tiempo,
arrastrando la pérdida y el peso
de nuestra levedad.
Somos el eco de un milagro,
los fantasmas que pueblan el destello
de la luz que conserva
el brillo del paisaje.
Somos el tatuaje
de ese último abrazo
que jamás nos dimos.
De El silencio del bambú
In the Multiple Dwellings
We are the footprints
of all that disappears,
the discontinuity of fragments,
the frozen pulse of every place
that once we left behind.
We live moment to moment,
dragging the loss and the weight
of our own lightness.
We are the echo of a miracle,
the ghosts that inhabit the flare
of the light that preserves
the brilliance of the landscape.
We are the tattoo
of that final embrace
we never gave each other.
From El silencio del bambú
I dei fleire boliger
Vi er fotavtrykka
av kor mykje som forsvinn,
diskontinuiteten av fragmenta,
den frosne pulsen i kvar stad
vi ein gong vi ikke budde.
Vi lever frå augeblikk til augeblikk
berande på tapet og tyngda
av vår eiga lettheta.
Vi er ekkoet av eit mirakel,
spøkjelsa som bur i glansen
av ljoset som vernar
glansen i landskapet.
Vi er tatoveringa
av den siste omfamninga
vi aldri gav kvarandre.
Frå El silencio del bambú

Rubén García Cebollero (Barcelona, 1975) se licenció en Derecho en la UAB y en Humanidades en la UOC. Se postgraduó en Experto en Guión Cinematográfico por la Universidad Camilo José Cela de Madrid.
Como escritor ha obtenido diversos premios poéticos. Su primera novela, Ebro 1938, originalmente titulada Frente del Ebro, 1938 fue finalista del Premio Planeta de Novela de 2004, y fue publicada por la editorial Nowtilus. La novela Almogávares I Señores de Cornago, Gallipoli fue publicada en 2009 por Deslan. El poemario La luz de nuestras vistas fue publicado por la UAB.
Ha escrito también guiones cinematográficos y ha sido productor asociado de la película Cruz del Sur.





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